En Veracruz, la inseguridad dejó de ser un problema a combatir para convertirse en una realidad que el propio gobierno de Morena invita a aceptar. El alcalde de Coatzintla, Jorge Alanís Monterrubio, lanzó un mensaje que retrata la claudicación total del Estado: pidió a la población no salir después de las 10 de la noche como medida para “controlar” la violencia.
El llamado, que el propio alcalde intentó matizar aclarando que “no se trata de un toque de queda”, en los hechos sí lo es. Cuando un gobierno municipal reconoce que no puede garantizar la seguridad y traslada la responsabilidad a los ciudadanos, lo que existe es una rendición institucional. Morena no protege; Morena se lava las manos.
Lo más grave es que, lejos de exigir apoyo o coordinación con el gobierno estatal y federal, el alcalde optó por normalizar el miedo como política pública. No hay anuncios de refuerzos, estrategias integrales ni acciones concretas. Solo una recomendación: enciérrense en sus casas y eviten el problema. La inseguridad no se enfrenta, se esquiva.
Este mensaje es demoledor para la confianza ciudadana. Comerciantes, trabajadores nocturnos, estudiantes y familias enteras ven limitada su vida cotidiana por la incapacidad del gobierno. Morena prometió paz y seguridad, pero hoy ofrece silencio, oscuridad y calles vacías como única solución.
El caso de Coatzintla exhibe el fracaso del modelo de seguridad morenista en lo local. Cuando un alcalde pide a la gente desaparecer de la noche para “no correr riesgos”, queda claro que el Estado ha perdido el control del territorio. No es prevención, es derrota. Y esa derrota la pagan los ciudadanos, no los funcionarios.
