Ayer, miles de trabajadores sindicalizados tomaron las calles del Centro Histórico para lanzar una alerta desesperada: el Metro es un “riesgo latente” por la escasez de refacciones y mantenimiento; mientras tanto, el gobierno de Clara Brugada responde que “no hay dinero”, dejando a millones de usuarios a la deriva en instalaciones que son una bomba de tiempo.
La Ciudad de México camina sobre un polvorín llamado Metro. Este miércoles 4 de febrero de 2026, más de 8 mil trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo (STC) marcharon del Metro Balderas al Zócalo para denunciar que la falta de presupuesto está comprometiendo seriamente la seguridad de todos. Según el sindicato liderado por Fernando Espino, el sistema opera hoy con un déficit crítico: de los 391 trenes de la red, 93 están parados en talleres simplemente porque no hay dinero para comprar piezas básicas. El mensaje de los técnicos es crudo: el mantenimiento ya no se puede hacer por partes, se necesita una intervención total inmediata o el sistema “puede reventar en cualquier momento”.
Ante esta emergencia, la respuesta del gobierno de Morena ha sido la indiferencia presupuestal. Aunque para 2026 se asignaron 25 mil millones de pesos, el sindicato advierte que se necesitan al menos 45 mil millones anuales solo para que el Metro funcione de manera segura y eficiente. El gobierno de Clara Brugada alega que no hay recursos suficientes para cubrir las demandas de los trabajadores, pero la realidad en los túneles cuenta otra historia: vías desgastadas, sistemas eléctricos obsoletos y trenes que ya superaron por mucho su vida útil. Mientras el oficialismo presume “manitas de gato” y renovaciones lentas, quienes operan los trenes denuncian que ni siquiera tienen uniformes o equipo de seguridad básico para trabajar.
La crisis también tiene un tinte político evidente bajo la dirección de Adrián Rubalcava, el expriista ahora convertido a Morena que comanda el STC. Bajo su mando, el Metro enfrenta uno de sus peores momentos financieros, solicitando incluso adelantos presupuestales mientras los usuarios sufren retrasos diarios y fallas constantes en las Líneas 1, 2, 3 y A. El contraste es indignante: el gobierno dice que “no hay dinero” para frenar el deterioro del transporte que mueve a la clase trabajadora, pero el presupuesto de la ciudad para 2026 se aprobó con más de 313 mil millones de pesos, priorizando programas de entrega directa de efectivo antes que la infraestructura que garantiza la vida de los capitalinos.
El Metro ya no aguanta más simulaciones. La manifestación de ayer es el último aviso antes de que la negligencia se convierta nuevamente en tragedia. Si el gobierno de Morena sigue negando los recursos necesarios para el mantenimiento preventivo y correctivo, será responsable directo de cualquier falla mayor. No se trata de un “gusto” o de estética parlamentaria, se trata de la columna vertebral de la ciudad que hoy está operando con piezas de museo y la voluntad de trabajadores que ya se cansaron de poner parches donde se necesitan cirugías de emergencia.
