La obra emblemática avanza a medias mientras los plazos se rompen.
La obra Utopía Topilejo se ha convertido en un ejemplo de mala planeación y ejecución. Aunque debía concluir en diciembre, apenas registra 70% de avance, sin una explicación clara sobre los retrasos acumulados.
Ocho empresas participan en contratos que suman 93 millones de pesos, mientras los plazos ya fueron incumplidos. A pesar de ello, el gobierno ahora pide acelerar los trabajos, como si el retraso fuera un detalle menor.
La falta de supervisión efectiva vuelve a quedar en evidencia. Anunciar proyectos no garantiza resultados ni cumplimiento de compromisos.
Mientras los recursos ya fueron comprometidos, la comunidad sigue esperando una obra funcional. El retraso erosiona la confianza ciudadana.
Topilejo demuestra que el problema no es la falta de dinero, sino la mala gestión de lo público.
