De la cancha al cinismo: el diputado morenista presume leyes contra el abuso sexual pese a las graves denuncias en su contra.
La desfachatez política ha encontrado un nuevo capitán en la figura de Cuauhtémoc Blanco. El ahora diputado federal por Morena ha salido a las cámaras para celebrar, con bombo y platillo, el endurecimiento de las penas contra el abuso sexual en México. Sin embargo, su festejo no ha sido recibido con aplausos, sino con un recordatorio masivo de la sociedad civil: no se puede pretender ser el paladín de la justicia cuando el propio nombre encabeza expedientes y señalamientos públicos por conductas que hoy dice combatir.
La sombra de las denuncias en su contra no se borra con un boletín de prensa o una votación en el pleno. Mientras el exgobernador de Morelos se envuelve en la bandera de la protección a las víctimas, persisten acusaciones graves que lo vinculan con presuntos actos de agresión y abuso. Esta táctica de “huida hacia adelante”, donde el acusado se convierte en legislador de su propio pecado, es una bofetada para las mujeres que buscan justicia real y no una simulación legislativa operada por personajes bajo sospecha.
El debate sobre su incongruencia política ha incendiado las redes y los pasillos de San Lázaro. Para muchos, resulta inaceptable que un personaje con tal bagaje de cuestionamientos éticos y legales sea quien dicte el rigor de la ley para otros. Blanco parece confiar en que su fama futbolística y su fuero morenista actúen como un escudo protector, permitiéndole dar lecciones de moralidad mientras las carpetas de investigación en su contra duermen el sueño de los justos en las fiscalías locales.
Esta contradicción no es solo un error de imagen, es el síntoma de una política que privilegia el lealtad partidista sobre la integridad moral. Al permitir que Cuauhtémoc Blanco sea el rostro de estas reformas, Morena valida una narrativa donde la ley se endurece para el ciudadano de a pie, pero se flexibiliza para los aliados del régimen. El mensaje es claro y peligroso: no importa qué tan grave sea el señalamiento, mientras te alinees con el poder, puedes ser el juez de tus propios demonios.
Finalmente, el “Cuau” ha demostrado que su mejor jugada no está en el pasto, sino en el cinismo parlamentario. Festejar leyes contra el abuso sexual cuando el pasado le respira en la nuca es una jugada arriesgada que solo profundiza la desconfianza ciudadana en las instituciones. Si Cuauhtémoc Blanco quiere ser tomado en serio como legislador, debería empezar por enfrentar sus propios procesos sin el cobijo del poder; de lo contrario, sus celebraciones seguirán siendo vistas como el patético intento de un lobo por legislar a favor de las ovejas.
