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Del festejo al reclamo: el Carnaval de Mazatlán evidenció la herida abierta de las desapariciones en Sinaloa

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Feb 21, 2026

Lo que debía ser celebración terminó convertido en un escenario de inconformidad social. Colectivos de búsqueda irrumpieron en el desfile con pancartas y fotografías, mientras un incidente violento rompió el ambiente festivo y dejó cuestionamientos sobre la actuación de las autoridades municipales.

El reciente Carnaval de Mazatlán, uno de los eventos más importantes del calendario turístico y cultural del noroeste del país, se desarrolló en un contexto marcado por la tensión social y la exigencia de justicia.

En pleno desfile, colectivos de madres y familiares de personas desaparecidas avanzaron con pancartas y fotografías, interpelando directamente a autoridades y ciudadanía. Su presencia no fue marginal ni simbólica: se integraron al recorrido, transformando el espacio festivo en una tribuna pública de reclamo. El mensaje fue claro: en Sinaloa no puede haber celebración plena mientras persistan cientos de casos sin resolver.

Lejos de confrontación, la reacción de los miles de asistentes fue mayoritariamente solidaria. Aplausos, muestras de apoyo y expresiones de empatía acompañaron el paso de las activistas. El respaldo ciudadano evidenció que la problemática de desapariciones ha dejado de percibirse como un asunto aislado y se reconoce como una crisis estructural que atraviesa al estado.

Sin embargo, la jornada dio un giro cuando un objeto lanzado desde la multitud impactó el rostro de la Reina Infantil del carnaval. El hecho, además de generar indignación inmediata, abrió cuestionamientos sobre los protocolos de seguridad y control en un evento de alta concentración masiva. La agresión no solo puso en riesgo la integridad de una menor, sino que simbolizó la fragilidad del orden en un evento que debía ser cuidadosamente resguardado.

La ausencia de un posicionamiento claro por parte de la alcaldesa de Mazatlán, Estrella Palacios, profundizó el malestar. La falta de información puntual sobre responsabilidades, medidas correctivas o investigación de los hechos dejó un vacío comunicativo en un momento que exigía conducción política firme.

El carnaval, que históricamente proyecta a Mazatlán como destino turístico internacional, terminó reflejando un contraste evidente: por un lado, la promoción cultural y económica; por el otro, la persistencia de una crisis de seguridad y derechos humanos que no encuentra respuestas suficientes.

Más allá del incidente específico, lo ocurrido plantea preguntas de fondo sobre gobernabilidad, manejo de eventos masivos y capacidad institucional para atender demandas sociales legítimas. Cuando la protesta y la violencia irrumpen en la celebración, el mensaje es inequívoco: hay temas pendientes que no pueden postergarse.