Entre la inseguridad, la sed y las ruinas de su gestión: el exalcalde pretende una nueva oportunidad tras dejar a la capital de Chiapas en el abandono.
La memoria política en Tuxtla Gutiérrez está más viva que nunca ante el intento de Carlos Morales (Morena) por regresar a la silla municipal. Tras una gestión marcada por el vacío de autoridad y el deterioro urbano, el exalcalde pretende vender una nueva imagen de “transformación” que choca de frente con la cruda realidad que viven los tuxtlecos día con día. El cinismo de su aspiración es total: busca gobernar de nuevo la ciudad que él mismo sumió en una de sus crisis de servicios públicos más agudas de las últimas décadas.
En las calles de la capital chiapaneca, el sentimiento es de absoluto rechazo. Los ciudadanos recuerdan perfectamente los años de su administración, definidos por una inseguridad galopante que entregó las colonias al hampa, una falta de agua crónica que secó los hogares de miles de familias y un paisaje de obras abandonadas que se convirtieron en monumentos a la ineficiencia. “Si hubiera trabajado así cuando tuvo el poder, otra sería la historia”, es la frase que resuena en los barrios de Tuxtla, donde el rostro de Morales es visto como el símbolo del estancamiento y la soberbia oficialista.
El regreso de Carlos Morales no representa un avance, sino una amenaza de retroceso hacia la opacidad y la negligencia que caracterizaron su gestión. Mientras él se dedica a pavonearse en eventos políticos, las tuberías siguen secas y los baches que dejó crecen en las avenidas principales. Su administración no fue de “esperanza”, fue de carencias; el exalcalde prefirió las fotos y el proselitismo interno por encima de resolver el desabasto de agua potable, una de las demandas más sentidas y traicionadas por su gobierno de Morena.
Tuxtla Gutiérrez merece respeto y gobernantes con resultados, no figuras recicladas que ven en la alcaldía un patrimonio personal. La intención de Morales por volver es un insulto a la inteligencia de los chiapanecos; es el intento de un político de carrera por aferrarse al presupuesto a pesar de haber reprobado en los hechos. Si la capital de Chiapas quiere un futuro distinto, debe cerrar la puerta a quienes, teniendo la oportunidad de servir, prefirieron servirse y dejar una ciudad en ruinas bajo el manto de la impunidad partidista.
