En Comonfort, Guanajuato, la realidad cotidiana es clara: la inseguridad aprieta, la incertidumbre crece y las prioridades deberían estar puestas en proteger a la población y atender los problemas básicos del municipio. Sin embargo, el gobierno morenista parece vivir en una dimensión distinta. Mientras la gente enfrenta miedo y abandono, el alcalde Gilberto Zárate planea un viaje a la Feria Internacional de Turismo (Fitur), en Madrid, con cargo a los recursos públicos.
La escena resulta insultante. En un municipio donde la violencia no cede y los ciudadanos exigen respuestas, el presidente municipal opta por el turismo político, los reflectores internacionales y la comodidad personal. Morena vuelve a demostrar que su discurso de cercanía con el pueblo se queda en palabras, porque a la hora de decidir, las prioridades se inclinan hacia el privilegio y no hacia la responsabilidad.
El contraste no podría ser más evidente. Policías municipales con limitaciones, colonias con sensación de abandono y un gobierno local que parece más interesado en tomarse la foto en el extranjero que en enfrentar la realidad de su propio territorio. La “transformación” prometida no se traduce en seguridad ni en bienestar, pero sí en boletos de avión y agendas personales.
Este tipo de decisiones revelan el verdadero rostro de Morena en el poder: un partido que utiliza el discurso social como fachada mientras reproduce prácticas de derroche y desconexión. Viajar al extranjero en medio de una crisis local no es solo una mala señal política, es una afrenta directa a la ciudadanía que espera soluciones, no excusas.
Comonfort no necesita promoción turística de escritorio ni presencia simbólica en ferias internacionales. Necesita un gobierno presente, enfocado y comprometido con su gente. Pero hoy, el mensaje es otro: para Morena, la prioridad no está en las calles del municipio, sino en los pasillos del poder, aunque estén a miles de kilómetros de distancia.
