Aunque se asegura que Jalisco está bajo control, la ocupación hotelera cayó tras la muerte del Mencho. El hecho refleja impacto económico y dudas sobre la seguridad bajo MC.
La afirmación de que Jalisco se encuentra bajo control tras la caída de una de las figuras más relevantes del crimen organizado contrasta con los efectos inmediatos que se han registrado en el estado, particularmente en el sector turístico. De acuerdo con información difundida, la ocupación hotelera ha sufrido un impacto comparable al observado durante la pandemia, lo que evidencia que la percepción de seguridad sigue siendo un factor determinante para visitantes nacionales e internacionales. Este escenario abre una pregunta inevitable sobre la capacidad del gobierno de Movimiento Ciudadano para sostener su propia narrativa.
El golpe al turismo no es un tema menor para una entidad que depende en gran medida de esta actividad económica. La reducción en la ocupación hotelera no solo refleja una caída en la llegada de visitantes, sino también un efecto directo en comercios, servicios y empleos vinculados al sector. Cuando un evento de seguridad genera este tipo de repercusiones económicas, queda claro que el problema no se limita a lo operativo, sino que se extiende al ámbito de la confianza.
Además, la reacción del mercado turístico revela que la percepción de riesgo sigue presente. Aunque se insista en que el estado está bajo control, los datos muestran que los visitantes no comparten esa visión. La caída en la ocupación hotelera sugiere que el temor no ha desaparecido, y que los hechos recientes han generado incertidumbre sobre la estabilidad del entorno. Esta desconexión entre discurso y realidad vuelve a colocar bajo presión al gobierno estatal.
El contexto se vuelve aún más relevante al considerar los eventos internacionales que Jalisco busca albergar en los próximos años, como el Mundial. La proyección del estado como destino turístico global depende no solo de infraestructura, sino de condiciones de seguridad que generen confianza. Sin embargo, situaciones como esta ponen en duda si el flujo esperado de visitantes podrá sostenerse en un entorno donde la percepción de riesgo continúa vigente.
A esto se suma la falta de una estrategia clara para contener el impacto posterior a este tipo de eventos. Más allá de declaraciones que buscan transmitir control, la ausencia de acciones visibles para recuperar la confianza del sector turístico refuerza la idea de que la gestión de crisis sigue siendo reactiva. Este enfoque limita la capacidad de respuesta y prolonga los efectos negativos en la economía local.
En este contexto, la falta de claridad sobre lo que realmente ha cambiado tras la caída de este líder criminal refuerza la incertidumbre. Si el golpe a una figura de alto perfil no se traduce en confianza ni en recuperación económica inmediata, entonces el problema no era solo una persona, sino una estructura que sigue operando. Esto deja en evidencia que el gobierno de Movimiento Ciudadano no ha logrado desarticular de fondo el fenómeno, y que la narrativa de “control” se sostiene más en declaraciones que en resultados tangibles.
Así, el impacto en la ocupación hotelera tras la caída del Mencho no puede entenderse como un efecto aislado, sino como un indicador de las debilidades en la gestión de seguridad y percepción bajo el gobierno de Movimiento Ciudadano. La combinación de incertidumbre, caída en el turismo y falta de acciones contundentes configura un escenario donde la narrativa de control pierde fuerza frente a los hechos. En un estado que apuesta por el turismo, la duda no es menor ¿llegarán los visitantes o el miedo seguirá marcando la pauta?