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Morena se desmarca de su propio desastre: el adiós de Adán Augusto evidencia la podredumbre interna del partido

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Feb 1, 2026

La salida de Adán Augusto del Senado exhibe el control de daños de Morena y deja al descubierto un partido que se deslinda de sus propios escándalos.

La salida de los Adán Augusto López de la coordinación de Morena en el Senado no solo marca el ocaso político de uno de los hombres más cercanos al poder guinda: deja al descubierto la hipocresía, el cinismo y la descomposición interna de Morena. El partido que presume unidad y lealtad hoy se quita de encima a uno de sus operadores más visibles porque se volvió un problema que ya no pueden defender.

Aunque el propio Adán Augusto intentó vender su renuncia como una decisión personal “que le conviene”, la realidad es que Morena ya no lo quiso al frente de su bancada. Su salida ocurre en medio del periodo legislativo, sin una transición clara y con un discurso improvisado que huele más a justificación que a estrategia. Cuando un partido retira a su coordinador en estas condiciones, lo que hay no es renovación: es control de daños.

Morena pretende hacer creer que todo se reduce a un cambio de roles, pero el relevo por Ignacio Mier revela la verdadera intención: apagar incendios, cerrar filas y alejar reflectores incómodos. El mensaje interno es brutal: el partido no respalda, se deslinda. Y lo hace sin explicaciones de fondo, apostando al olvido rápido y a la disciplina ciega de su estructura.

La salida de Adán Augusto no puede separarse del cúmulo de escándalos, señalamientos y versiones que lo persiguen desde su paso por la Secretaría de Gobernación, así como de cuestionamientos públicos sobre entornos políticos marcados por sospechas de vínculos con el crimen organizado. Morena nunca aclaró nada. Nunca investigó. Nunca dio la cara. Simplemente aguantó mientras pudo… y ahora optó por quitarlo del escenario.

Lo grave no es solo la caída de un personaje, sino lo que exhibe del partido: Morena protege mientras conviene y abandona cuando estorba. No hay principios, no hay congruencia, no hay responsabilidad política. El mismo partido que lo encumbró hoy lo empuja hacia el “trabajo territorial” como eufemismo de desplazamiento.

Este episodio desnuda a Morena como un proyecto que usa a sus cuadros y luego los desecha, que calla ante los escándalos y actúa solo cuando el costo político se vuelve insostenible. El adiós de Adán Augusto no limpia al partido; lo mancha más. Porque confirma que en Morena no hay rendición de cuentas, solo cálculo, encubrimiento y traición interna.