
El avispero político está al rojo vivo, y no es para menos. La iniciativa de la presidenta Claudia Sheinbaum para erradicar el nepotismo electoral ha hecho temblar a varios clanes políticos que veían en los cargos públicos un negocio familiar garantizado. Y aunque algunos intentan disimular la preocupación, en privado ya están buscando la manera de esquivar el golpe.
El senador Gerardo Fernández Noroña lo dejó claro: esta reforma cerrará la puerta a los parientes políticos que quieran perpetuar su linaje en el poder, como Saúl Monreal y Félix Salgado Macedonio, quienes ahora ven su sueño de 2027 hecho trizas. Pero ojo, porque no son los únicos que se quedaron con el amargo trago de la exclusión.
Donde también cundieron los nervios fue en San Luis Potosí. El gobernador Ricardo Gallardo tenía su plan clarito: dejar el trono a su esposa, la senadora verde Ruth González Silva, quien desde su victoria en las elecciones de junio no ha dejado de hacer campaña encubierta, recorriendo municipios y asegurando su base. Pero con esta reforma, su estrategia se desmorona como un castillo de naipes.
Gallardo no tardó en activar su Plan B: empezar a mover fichas en su gabinete, donde ya hay varios aspirantes al puesto. Pero los roces con la dirigencia estatal de Morena, que insiste en que la coalición con el Partido Verde y el PT está tambaleando, podrían complicarle el panorama. Y por si fuera poco, la morenista Rita Ozalia Rodríguez, hermana de la secretaria Rosa Icela Rodríguez, podría saltar del barco de Morena a la Delegación de Bienestar en San Luis Potosí. ¿Se está reacomodando para lo que viene?
Pero eso no es todo. La reforma de Sheinbaum también amenaza con desmantelar otras dinastías políticas en la Ciudad de México. Victor Hugo Lobo, el cacique de Gustavo A. Madero, podría ver truncadas las aspiraciones de su hijo, el diputado local Hugo Lobo Rodríguez. Y si hablamos de herencias políticas, el senador Pedro Haces también debería estar sudando frío, porque su hijo Pedrito Haces Lago ya no podría seguir la línea familiar tras su fallida candidatura en Tlalpan.
La pregunta del millón es: ¿qué jugadas preparan los afectados para esquivar esta barrera legal? Porque si algo hemos aprendido en la política mexicana, es que cuando una puerta se cierra, los clanes de poder siempre encuentran una ventana (o una rendija) para colarse.
Lo que es seguro es que la reforma Sheinbaum no solo está sacudiendo el tablero, sino que podría poner fin a esas dinastías políticas que por décadas han tratado a los cargos como una herencia familiar. ¿Será este el fin del “juniorismo” político? Estaremos al pendiente, porque este chisme apenas comienza.