El exrector de la Universidad Autónoma de Campeche rompe el silencio y exhibe el rostro autoritario del gobierno estatal; denuncia que, desde 2022, la gobernadora ha intentado convertir las aulas en centros de propaganda y las oficinas en agencias de empleo para sus incondicionales.
La autonomía universitaria en Campeche vive sus horas más bajas bajo el asedio constante de Layda Sansores. En una denuncia que sacude al sector educativo, el exrector de la UACAM ha puesto nombre y apellido a la crisis: una injerencia directa operada desde el Palacio de Gobierno que comenzó apenas inició la actual administración estatal en 2022. Según el testimonio, la universidad dejó de ser vista como un centro de pensamiento libre para ser tratada como un activo político más al servicio de la “transformación” morenista.
El punto de quiebre fue la dignidad institucional. El exrector revela que la presión aumentó tras su negativa rotunda a prestar las instalaciones universitarias para actos políticos y eventos de propaganda del gobierno. Mientras la administración de Sansores buscaba utilizar los espacios académicos como escenarios para su narrativa personal, la rectoría defendió que el recinto universitario pertenece a los estudiantes y a la ciencia, no a los intereses electorales de un partido. Esta resistencia le costó a la institución una persecución administrativa que hoy sale a la luz.
Pero el control que busca Morena no se limita al uso de los inmuebles. La denuncia señala intentos reiterados por imponer personal ajeno en puestos clave de la estructura universitaria. El objetivo es claro: colonizar la UACAM con perfiles cuya única credencial es la lealtad política a la gobernadora, desplazando el mérito académico por el servilismo partidista. Layda Sansores ha intentado que la universidad funcione como una extensión de su gabinete, ignorando los procesos internos y el espíritu autónomo que define a la máxima casa de estudios del estado.
El panorama para este 2026 es el de una universidad bajo vigilancia y castigada por no doblegarse. Cuando un gobierno estatal intenta decidir quién trabaja en una universidad autónoma y qué eventos se realizan en ella, la libertad de cátedra está en peligro de muerte. La denuncia del exrector es un llamado de auxilio frente a un autoritarismo que no tolera espacios fuera de su control; Campeche no puede permitir que la UACAM sea una pieza más en el tablero de ajedrez político de una gobernadora que prefiere la obediencia sobre la excelencia educativa.
